Vueltas las aguas a su cauce
y, con la tranquilidad propia ya, del día a día, después de las emociones y
sentimientos vividos en los días de la JMJ, es justo hacer un pequeño balance
de todo.
No voy a negar que la JMJ
haya sido un gran éxito, para la Iglesia, el Papa, los Obispos y los jóvenes.
Por eso, hoy quisiera,
formular mis deseos, y si se me permite, hacer una oración en voz alta, para que
el encuentro vivido, no se quede en una gran movilización o fuegos de
artificiales.
Y para ello, no deberíamos
volcar las cuestiones a reflexionar solamente en los jóvenes, sino también en
nuestros Pastores los Obispos y sacerdotes, como tantas ha recordado el Papa
Francisco.
Después de estos días, saben
bien nuestros pastores, ¿cuáles son las inquietudes, necesidades, ilusiones,
que necesitan nuestros jóvenes en nuestras parroquias?. O solamente, nos hemos
quedado con el gran éxito, que nos puede cegar, creyendo que lo que hemos visto
es la realidad de la Iglesia.
A Uds. jóvenes del mundo que
se habéis reunido con el Papa, y que representáis también, a todos aquellos que
no han podido ir, y que habéis escuchado los mensajes del Papa. Os pido que,
desde vuestra libertad y desde vuestra fe en Cristo, ALZÉIS VUESTRA VOZ
TAMBIÉN, MOSTRAR VUESTRAS INQUIETUDES, VUESTRAS ESPERANZAS, VUESTROS DESEOS.
Que no sólo hablemos los mayores, sino que habléis también Uds., decirnos que
queréis, que Iglesia necesitáis. Que la pasión por el Reino de Jesús sea lo que
se contagie, y que el Espíritu del Maestro, sea lo que transforme los corazones,
como os dijo el Papa Francisco. Que entre los jóvenes venidos de todo el mundo
vibren las notas del Evangelio.
Esta JMJ, también creo que
ha servido, para que caigan los prejuicios y los deseos de excluir a los que
piensan diferente, para que juntos todos podamos fraguar una Iglesia de corazón
universal, donde todas las voces sean oídas. Que dejemos –como dijo el Papa- de
devorarnos los unos a los otros.
Aunque la JMJ, ha dado
imagen de fortaleza en la Iglesia, no nos equivoquemos, la Iglesia necesita un
cambio, como todo en la vida, pues así nos lo ha recordado también el Papa
Francisco. La Iglesia necesita seguir los signos de los tiempos, que el
Espíritu de la Verdad, nos va abriendo, y que nosotros no podemos dejar a un
lado.
Necesitamos centrar a la
Iglesia con más verdad y fidelidad en la persona de Jesús y en su proyecto del
Reino de Dios. Muchas cosas habrá que hacer, pero ninguna más decisiva que esta
conversión, la de volver al mensaje de Jesús. Una Iglesia más sencilla,
fraterna y buena, humilde y vulnerable, que comparte las preguntas, conflictos,
alegrías y desgracias de la gente. Creando nuevas formas y lenguajes de
evangelización, basado en el diálogo y en nuevos carismas que nos permitan
comunicar la experiencia viva de Jesucristo.
La figura de Jesús, no fue
solamente admirada por las gentes de su época, sino que ha sido admirada a todo
lo largo de la historia. Hoy en día, también sigue siendo admirada, no
solamente entre las personas mayores, sino entre las personas de todas las
edades y especialmente entre los jóvenes, como hemos podido comprobar en estas
JMJ 2013.
Por eso, sería interesante
cuestionarse después de estas jornadas, si Jesús, lo que quiere es admiradores
o seguidores. Lógicamente de los Evangelios deducimos que Jesús lo que quiere
son seguidores y no admiradores.
La pregunta es obvia: ¿ por
qué entre los creyentes existen más admiradores que seguidores ?.
Por qué la admiración, se
queda en lo maravilloso del personaje, posiblemente en su divinidad y esto no
requiere compromiso ninguno con Jesús. El seguimiento requiere un encuentro con
lo humano para encontrar lo divino, es decir imitar a Jesús, vivir como Jesús y
esto es ir en contra de muchos principios dogmáticos sociales y eclesiales.
Lo que hace más humano y
construye el Reino de Dios en este mundo, son las personas que se parecen e
intentan vivir como Jesús y no las gentes que sólo lo admiran y veneran.
La Iglesia necesita
seguidores y no admiradores.
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