lunes, 1 de agosto de 2016

¿QUÉ NOS HA DEJADO LA JMJ?

Vueltas las aguas a su cauce y, con la tranquilidad propia ya, del día a día, después de las emociones y sentimientos vividos en los días de la JMJ, es justo hacer un pequeño balance de todo.

No voy a negar que la JMJ haya sido un gran éxito, para la Iglesia, el Papa, los Obispos y los jóvenes.

Por eso, hoy quisiera, formular mis deseos, y si se me permite, hacer una oración en voz alta, para que el encuentro vivido, no se quede en una gran movilización o fuegos de artificiales.

Y para ello, no deberíamos volcar las cuestiones a reflexionar solamente en los jóvenes, sino también en nuestros Pastores los Obispos y sacerdotes, como tantas ha recordado el Papa Francisco.

Después de estos días, saben bien nuestros pastores, ¿cuáles son las inquietudes, necesidades, ilusiones, que necesitan nuestros jóvenes en nuestras parroquias? O solamente, nos hemos quedado con el gran éxito, que nos puede cegar, creyendo que lo que hemos visto es la realidad de la Iglesia.

A Uds. jóvenes del mundo que se habéis reunido con el Papa, y que representáis también, a todos aquellos que no han podido ir, y que habéis escuchado los mensajes del Papa. Os pido que, desde vuestra libertad y desde vuestra fe en Cristo, ALZÉIS VUESTRA VOZ TAMBIÉN, MOSTRAR VUESTRAS INQUIETUDES, VUESTRAS ESPERANZAS, VUESTROS DESEOS. Que no sólo hablemos los mayores, sino que habléis también Uds., decirnos que queréis, que Iglesia necesitáis. Que la pasión por el Reino de Jesús sea lo que se contagie, y que el Espíritu del Maestro, sea lo que transforme los corazones, como os dijo el Papa Francisco. Que entre los jóvenes venidos de todo el mundo vibren las notas del Evangelio y que proclamemos "BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA" (Mt 5,7)

Esta JMJ, también creo que ha servido, para que caigan los prejuicios y los deseos de excluir a los que piensan diferente, para que juntos todos podamos fraguar una Iglesia de corazón universal, donde todas las voces sean oídas. Que dejemos –como dijo el Papa- de devorarnos los unos a los otros y que seamos MISERICORDIOSOS.

Aunque la JMJ, ha dado imagen de fortaleza en la Iglesia, no nos equivoquemos, la Iglesia necesita un cambio, como todo en la vida, pues así nos lo ha recordado también el Papa Francisco. La Iglesia necesita seguir los signos de los tiempos, que el Espíritu de la Verdad, nos va abriendo, y que nosotros no podemos dejar a un lado. La Iglesia necesita más que nunca proclamar  "BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS, PORQUE ELLOS ALCANZARÁN MISERICORDIA" (Mt 5,7)

Necesitamos centrar a la Iglesia con más verdad y fidelidad en la persona de Jesús y en su proyecto del Reino de Dios. Muchas cosas habrá que hacer, pero ninguna más decisiva que esta conversión, la de volver al mensaje de Jesús. Una Iglesia más sencilla, fraterna y buena, humilde y vulnerable, que comparte las preguntas, conflictos, alegrías y desgracias de la gente. Creando nuevas formas y lenguajes de evangelización, basado en el diálogo y en nuevos carismas que nos permitan comunicar la experiencia viva de Jesucristo.

La figura de Jesús, no fue solamente admirada por las gentes de su época, sino que ha sido admirada a todo lo largo de la historia. Hoy en día, también sigue siendo admirada, no solamente entre las personas mayores, sino entre las personas de todas las edades y especialmente entre los jóvenes, como hemos podido comprobar en estas JMJ 2016.

Por eso, sería interesante cuestionarse después de estas jornadas, si Jesús, lo que quiere es admiradores o seguidores. Lógicamente de los Evangelios deducimos que Jesús lo que quiere son seguidores y no admiradores.

La pregunta es obvia: ¿ por qué entre los creyentes existen más admiradores que seguidores ?

Por qué la admiración, se queda en lo maravilloso del personaje, posiblemente en su divinidad y esto no requiere compromiso ninguno con Jesús. El seguimiento requiere un encuentro con lo humano para encontrar lo divino, es decir imitar a Jesús, vivir como Jesús y esto es ir en contra de muchos principios dogmáticos sociales y eclesiales.

Lo que hace más humano y construye el Reino de Dios en este mundo, son las personas que se parecen e intentan vivir como Jesús y no las gentes que sólo lo admiran y veneran.



La Iglesia necesita seguidores y no admiradores.

sábado, 30 de julio de 2016

EVANGELIO DOMINGO 31 DE JULIO 2016. 18ª SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

Evangelio según San Lucas 12, 13-21

En aquel tiempo, dijo uno del pueblo a Jesús: " Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia”. Él le contestó: " Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?” Y dijo a la gente: " Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes”. Y les propuso una parábola: "un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: "Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, como, bebe, y date buena vida". Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será? "Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios".

COMENTARIO.-

Una cosa que debemos de tener en cuenta antes de realizar una pequeña reflexión sobre el texto evangélico de este domingo; es que, los Evangelios antes que unos libros de religión, podemos decir también que, son los mejores manuales para la convivencia humana. Prueba de ello, es el Evangelio de este domingo.

La crisis económica que estamos sufriendo desde hace varios años, es el claro ejemplo de lo que la parábola del Evangelio nos quiere enseñar. La codicia de unos países ricos, de grandes banqueros y poderosos capitales, no solamente en lo económico, sino también lo político; al igual que la codicia de muchos en mantener sus cargos políticos, títulos religiosos, o puestos de trabajos no bien desarrollados, es lo que ha desencadenado que millones de trabajadores pierdan su empleo, familias arruinadas y millones de seres humanos vivan en la extrema pobreza.

A todo ello, también hemos contribuido todos nosotros, viviendo por encima de nuestras posibilidades, soñando con acumular cada vez más, olvidándonos de todos los que tenían necesidades. Como dice el refranero, la codicia, rompe el saco y eso es lo que nos ha pasado. "construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: "Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, como, bebe, y date buena vida".

Jesús hace intervenir a Dios: "Dios le dijo: " Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado ¿de quién será? "Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios".

Lo que yo aprendo de este mensaje, es que crear riquezas económicas no es malo, siempre que se creen en beneficioso de todos, y no nos apropiemos de lo ajeno, de cualquier bien ajeno. Crear riquezas económicas no es malo, siempre que nos permitan agrandar los graneros del horizonte de la vida, y del Reino de Dios en la tierra. Crear riquezas económicas no será malo, siempre que estas no nos deshumanicen.

Crear riquezas económicas, políticas y eclesiásticas serán malas, cuando nos olvidemos, de la amistad, la solidaridad, la honradez, del compartir, y de vivir el día a día con los demás, con lo que Dios nos ha dado tanto en lo material como en lo espiritual.

En definitiva, la codicia es la falta de la humanización de Dios en nosotros, es decir, la falta de Jesús en nuestra vida. Ya que la codicia, nos deshumaniza y no nos hace felices, Y al no ser felices, no podemos hacer felices a los demás.

PASEMOS POR ESTA VIDA, HACIENDO EL BIEN Y HACIENDO FELICES A LOS DEMÁS, COMO JESÚS LO HIZO.


DIFUNDID EL EVANGELIO. PÁSALO.

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