sábado, 12 de noviembre de 2016

EL CAMBIO DE ÉPOCA, NOS LLEVA A LA DESHUMANIZACIÓN



Después de una de las campañas más divisivas en la historia de los EEUU, marcada por innumerables escándalos e insultos personales y por una presentación de proyectos políticos por parte de Trump que hacen retroceder las conquistas humanas y sociales siglos atrás. El pasado martes, el pueblo americano libremente eligió a Donald Trump, como presidente de los EEUU. Estado que marca (por el momento) las pautas de funcionamiento de este mundo globalizado.

Pues bien, mucha gente no se da cuenta de que lo más importante, lo que estamos viviendo ahora mismo, no es el cambio de gobierno en los EE.UU., ni el deseado cambio en la economía, ni el anhelado (o temido) cambio de no pocas leyes y costumbres, ni los cambios en la religión y sus gobernantes. Todo eso, por supuesto, se está produciendo. Pero, la raíz de todos los cambios está, en este momento, en la radical transformación que estamos viviendo en nuestra sociedad, en nuestros pensamientos, en nuestros valores, que nos anuncian cada vez más el  nuevo cambio de época en la historia de la humana. Pero el mayor cambio que se está produciendo también en esta sociedad que hemos llamado de la comunicación y de la información es la gran DESHUMANIZACIÓN del ser humano. Por eso anda todo revuelto. Y por eso también, en esta inquietante situación, son muchas (muchísimas) las personas que se hacen (o nos hacemos) incontables preguntas para las que no encontramos respuesta.

A nada más que, realicemos un breve estudio de la economía a lo largo de la historia, podremos observar que estás han sido muy distintas. Sin embargo, en todas esas épocas económicas, la relación del hombre con los bienes materiales, ha sido siempre igual, la de atesora más y más. A esto se le ha denominado codicia
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Ahora bien, la codicia a la que el ser humano está llegando en esta sociedad de la globalización, es la causa fundamental de la enorme crisis económica que se está padeciendo y que tanto sufrimiento está produciendo, sobre los más pobres. Pues estamos viendo que, en una economía global, los destrozos de la codicia también son globales.

Por eso, en los evangelios podemos aprender que el que tiene centrada su vida en el propio dinero y en el propio capital pervierte su visión de la vida, del mundo y de todo, hasta el extremo de llegar a cegarse sólo en el atesorar y atesorar más. De forma que, una persona así, vive en la plena oscuridad de la vida. No ve, la injusticia en que vivimos y el destrozo humano cargado de dolor y desesperanza que todo ese poder económico de más y más trae consigo.

De ahí la fuerza de la frase de Jesús: “No podéis servir a dos Señores a Dios y al dinero”. La fuerza de esta sentencia evangélica está en que quién centra su vida en el dinero, lo que hace es construir al dinero en amo, al tiempo que él mismo se vende como esclavo a semejante dueño. Así, el codicioso, creyendo que es libre, en realidad es un hombre que perdido su libertad. Y vive a merced de lo que le manden los mercados económicos.

De aquí que desde este punto de vista cristiano urge levantar la voz para proclamar la más amplia de la justicia social, de manera que nos llegue a humanizarnos plenamente, porque en la medida que nos humanicemos estamos en el camino de la construcción del Reino de Dios en la tierra.


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