martes, 11 de febrero de 2014

UN AÑO DE UN GESTO PROFÉTICO, QUE PARECE SER EL INICIO DE UN CAMBIO HISTÓRICO EN LA IGLESIA.

Hace justamente un año, tal día como hoy 11 de febrero festividad de Nuestra Señora de Lourdes, la Iglesia Católica vivía uno de los acontecimientos más grande de sus últimos siglos, la dimisión del Papa. La dimisión del Papa Benedicto XVI.

Este es el comunicado del Papa en el que anuncia su dimisión:

"Queridísimos hermanos,
 Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.
 Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.
 Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.
 Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.
 Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos.
 Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice.
 Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.
 Vaticano, 10 de febrero 2013".

Querido J.Ratzanguier, Papa emérito Benedicto XVI, transcurrido ya un año de su dimisión y con la tranquilidad y serenidad que da el paso del tiempo a todos los acontecimientos de la historia, no me queda nada más que, agradecerle con todo mi corazón el servicio que ha prestado a la Iglesia. Pero especialmente quiero darles las gracias, por la valentía con la cual afronto su dimisión. Digo valentía, porque no me imagino supondría en aquellos momentos y posiblemente sigue suponiendo hoy en día, en ciertos círculos conservadores de la Iglesia la dimisión del Papa.

Este gesto que, hasta hace pocos días no entraba en las mentes de muchos miembros de la Iglesia, sino solamente en algunos que eran clasificados por progresistas y destructores de la Iglesia y que por tanto había que marginar. Pues bien, este gesto de dimisión, ha demostrado claramente que el Pueblo de Dios, tiene su mente y su corazón más abierto a los signos de los tiempos que, esos fieles jerarcas de la Iglesia; pues han sabido aceptar y encajar su renuncia como un verdadero gesto de amor a Dios y a su pueblo.

Esto simplemente nos puede llevar a plantearnos que igual que el pueblo sencillo ha encajado este acontecimiento, está preparado seguro para aceptar otros tanto que los signos de los tiempos están pidiendo, como la renovación al ministerio sacerdotal, con la libre opción al celibato, el sacerdocio femenino. La apertura ministerial a los laicos en la vida de la iglesia, lastrada por el absurdo poder concedido al ministerio del presbiterado, que permitan una renovada vida sacramental, tan necesaria en la vida de la Iglesia.

Es importante que el movimiento para la reforma interna de la Iglesia sea apoyado por la base más de lo que aparece hoy en día y más de cuanto lo apoya la iglesia oficial.

Muchas gracias por todo y que Dios le acompañe.


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