miércoles, 30 de marzo de 2011

¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE PERDONARLE?

El evangelio de la liturgia de ayer, nos da pie a nuestra reflexión en el día de hoy.
En este periodo cuaresmal, la reconciliación y el valor del perdón, debe de ocupar también un lugar importante en nuestras meditaciones.

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: "Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿hasta siete veces?". Jesús le contesta: "No te digo hasta siete veces, sino hasta stenta veces siete". Y les propuso esta parábola: "Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mi talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo". El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquél encontró a uno de sus compañeros que le debía cien mil denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: "Págame lo que me debes". El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo". Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado!Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No deberías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Siguiendo el estudio y razonamiento que sobre este pasaje hace el gran teólogo José María Castillo en su libro La ética de Jesús.

Con frecuencia se confunde "perdonar" con "olvidar". Pero sabemos que en la vida hay cosas que no se pueden olvidar. Por la sencilla razón de que el olvido no depende de nosotros. Las heridas hondas, que nos hacen, dejan cicatriz, una señal que nunca quizá se nos borra. Sin embargo, el perdón es una decisión que depende del que ha sido ofendido o lesionado en sus derechos o intereses. Perdonar es no querer nada malo para el que me ha dañado. Perdonar es no hacerle nada malo. El perdón es el bien que está por encima del mal.

Con demasiada frecuencia nos ocurre lo que al protagonista de esta parábola: tenemos una facilidad asombrosa para borrar del recuerdo el bien que recibimos. Y tenemos también una inclinación peligrosa (muy peligrosa) para recordar el mal que nos han hecho. Además, el desequilibrio entre estas dos tendencias es tan sobrecogedor como repugnante.

Esto ocurre constantmente. Lo mismo en los individuos, que en los grupos humanos: familias, religiones, instituciones políticas, estamentos sociales, económicos... En todos los ámbitos de la vida. La consecuencia -también aquí y sobre todo aquí- es la violencia. Los sentimientos se convierten en resentimientos, en odios inconfesables, en deseos de venganza, en envidias infantiles. Es la ruptura del tejido social. Y, sobre todo, es la descomposición de nuestra propia humanidad. Lo peor que nos puede ocurrir en la vida.(La ética de Jesús, Jose María Castillo)

sábado, 26 de marzo de 2011

EVANGELIO DOMINGO 27 DE MARZO. 3ª SEMANA DE CUARESMA

Evangelio según San Juan 4, 5-42

En aquel tiempo llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, Jesús le dice: "Dame de beber".(Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana dice:"¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?"(porque los judíos nose tratan con los samaritanos). Jesús le contestó:"Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva". La mujer le dice:"Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo,¿de dónde sacas el agua viva?,¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?". Jesús le contestó:"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna". La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla". El le dice:"Anda, llama a tu marido y vuelve". La mujer le contesta:"No tengo marido". Jesús le dice:"Tienes razón, que no tienes marido:has tenido ya cinco y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad". La mujer le dice:"Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén". Jesús le dice:"Créeme, mujer:se acerca la hora en que ni en este monte, ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad". La mujer le dice: "Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga él nos lo dirá todo". Jesús le dice: "Yo soy: el que habla contigo".

COMENTARIO.-

Es conveniente recordar muy claramente que no estamos escuchando sencillamente la narración de una conversación tal como fue, sino que se trata de una composición teológica, con sus intenciones y a veces nada fáciles de detectar.

Ya que, al comentar cualquier texto del evangelio de Juan es bueno recordar su estilo literario y simbólico. Juan no es un evangelio sinóptico, no es un texto narrativo, ni lo que nos cuenta es probablemente histórico. Juan es un evangelio enteramente simbólico, en el que los símbolos han sido extrapolados hasta desplazar a la realidad. Por eso este texto evangelico de hoy ha dado lugar a muchas interpretaciones.

Pero llevando esa simbología propia del evangelio de Juan a nuestros tiempos, el evangelio de hoy tiene dos claras enseñanzas:

La primera de ella es: ¿Dónde hay que adorar a Dios, en Jerusalén o en Garitzín?, le pregunta la samaritana. Es decir, ¿cuál es la religión verdadera? Y Jesús tiene una respuesta verdaderamente revolucionaria, que todavía no hemos asimilado.

Lo primero que nos dice Jesús es que ni Jerusalén o Gartizín son religiones falsas. Jesús lo que dijo es que, la verdadera religión, el verdadero templo, el centro de todo, no está en un lugar determinado, ni en una religión específica; sino en el espíritu y en la verdad interior del ser humano, en el corazón del hombre, en su espiritualidad interior.

Llevado esto a nuestro días deberiamos aprender que, Jesús dialoga interreligiosamente porque tiene un transfondo de «teología pluralista de las religiones», diríamos en lenguaje actual.

No es primero el diálogo, y después la teología de las religiones, sino al revés: porque se tiene una visión abierta de la relación entre las religiones, por eso es por lo que se puede dialogar interreligiosamente.

Por eso la segunda enseñanza es el respeto, la aceptación y la acogida humana de Jesús hacia cualquier persona, reflejada en la figura de la samaritana. Por que desde el respeto, la aceptación y la acogida humana, es como se puede llegar al diálogo interreligioso.

Nuestra pregunta es: ¿Somos los verdaderos buscadores de Dios?

No lo hemos de olvidar. Para encontrarnos con Dios, no es necesario ir a Roma o peregrinar a Jerusalén. No hace falta entrar en una capilla o visitar una catedral, solamente tenemos que ver a Cristo en nuestro hermano.

DIFUNDID EL EVANGELIO. PÁSALO.