sábado, 6 de julio de 2013

EVANGELIO DOMINGO 7 DE JULIO 2013. 14ª SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO.

Evangelio según San Lucas 10, 1-12, 17-20.

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos, y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: " La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡ Poneos en camino!. Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en una casa, decid primero: " Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan: porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que hay, y decid: " está cerca de vosotros el Reino de Dios”.

COMENTARIO.-

Este texto evangélico, ha sido presentado muchas veces, como el fomento de la vocación presbiteral exclusivamente,” La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies”. Y, no como la vocación universal de los seguidores de Jesucristo.

Hace dos domingos el evangelio nos recordó como Jesús era consciente, de que el sólo no podría construir el Reino de Dios, de que el Reino se debe de construir moviendo pequeñas comunidades y no grandes masas. Pero, Jesús como buen amigo, les advierte, que la construcción del Reino, les llevará enfrentamientos y padecimientos con ciertos sectores de la sociedad. En el evangelio de la semana pasada, Jesús nos daba las claves para su seguimiento. Pues bien, una vez consciente de la misión por nuestra parte, Jesús nos envía hoy a predicar el evangelio.

El evangelio comienza diciendo que " Jesús designó a otros setenta y dos, y los mandó de dos en dos a todos los pueblo y lugares adonde pensaba ir él”.

El número setenta y dos, quiere decir, que ya no son sólo los apóstoles los encargados de continuar la misión, sino que ya existen más comprometidos con Jesús y con el Reino. Es decir, la misión y el encargo de construir el Reino de Dios, es lo que recibe todos los discípulos de Jesús. Hay quienes piensan que la misión de enseñar el Evangelio es sólo responsabilidad de los sacerdotes y clérigos; al igual que muchos sacerdotes y clérigos se creen que solamente ellos son los que pueden hacer una interpretación correcta de los Evangelios. No. Cada uno desde su trabajo, su casa, su barrio, su parroquia y sobre todo su forma de vivir, está obligado a enseñar el Evangelio.

“No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias ". Cuidado, con acomodarnos, tenemos que ponernos en camino diariamente, sin replegarnos en nuestros intereses, nuestro pasado, nuestras prácticas doctrinales y tradiciones, que nos pueden dejar sin llegar a la próxima casa para decir: " Paz a esta casa”.

“Paz a esta casa ". El mensaje de Jesús, no se debe realizar desde la imposición y la obligación, sino desde la comprensión y la fraternidad. El mensaje de Jesús brota cuando contagiamos paz y humanidad, " curad a los enfermos que haya, y decid: " está cerca de vosotros el Reino de Dios”.

Si todas las semanas, termino diciendo: DIFUNDID EL EVANGELIO ", hoy con más razón que nunca. Por eso, contribuye tú a ello y envía hoy el Evangelio a todos tus contactos.


ENSEÑEMOS EL EVANGELIO CON NUESTRAS PALABRAS, PERO ESPECIALMENTE CON NUESTRA FORMA DE VIVIR.

viernes, 5 de julio de 2013

LUMEN FIDEI "LA LUZ DE LA FE". PRIMERA ENCÍCLICA DEL PAPA FRANCISCO.

Recién pasado el ecuador de este año que dedicado a la fe, conmemorativo de los 50 años del Concilio Vaticano II y a sus cuatro meses de su nombramiento, el Papa Francisco nos presenta su primera encíclica.

LUMEN FIDEI. «La Luz de la Fe» completa el cuadro de las virtudes teologales que Benedicto XVI había iniciado con sus encíclicas sobre la esperanza, la caridad y ahora la fe. El texto  estaba «prácticamente completado» por Benedicto XVI, cuya solidez teológica se nota en cada página de un documento enriquecido con el afecto y el calor vital de su sucesor.

El primer capítulo presenta la fe de Jesucristo, el verdadero «testigo fiable» que revela cómo es Dios y que nos ayuda a verlo del modo en que él mismo lo veía, como Padre. Pero la fe no es sólo conocimiento, «es un don gratuito de Dios que exige la humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres, la historia de la salvación».

El segundo capítulo, más práctico, aborda la relación entre «fe y verdad», y también entre «fe y amor». El Papa Francisco advierte que «la fe, sin verdad, no salva. Se queda en una bella fábula, la proyección de nuestros deseos de felicidad». Al mismo tiempo, se traduce en amor a Dios y a los demás. Por eso, la fe no es intransigente, y el creyente no es arrogante, sino que practica de modo natural el diálogo.

El capítulo tercero se centra en la evangelización, pues la fe es para difundirla, y en el modo en que todo se refuerza gracias a los sacramentos del bautismo y la eucaristía.

Por último, el capítulo cuarto se refiere al bien común, es decir, al modo de organizar la sociedad según los criterios de la fe, con detalles sobre el modo de vivirla en la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer, en las relaciones sociales, en el respeto a la naturaleza que es manifestación de Dios– y en los momentos difíciles del sufrimiento y de la muerte.


El Papa Francisco concluye con una hermosa oración poética en la que pide a la Virgen: «Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado. Ensénanos a mirar con los ojos de Jesús para que él sea luz en nuestro camino».